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vivian Maier

Quienes luchamos por la despenalización del aborto, no fuimos quienes lo utilizamos como alternativa contraceptiva; sino que quienes lo han utilizado sistemáticamente son aquellas mujeres de pro que, en sus relaciones sexuales, no se atrevieron a contrariar al varón que no quisiese usar preservativo, o tienen lapsus que revelan su pueril inconsciencia al tomar las píldoras contraceptivas. Es decir, las que jamás estarán a nuestro lado para reivindicar nuestros derechos.

También es sabido que quienes quisimos que la Ley considerara delito el maltrato en la familia, fuimos poco propensas a caer en relaciones de dominación, no nos enamoramos de los hombres agresivos; y nunca olvidamos que el maltrato lo recibe el más débil y lo ejerce el más fuerte; y que, entre los sádicos que maltratan a su prole, hay tantas mujeres como hombres. Y eso lo confirman las estadísticas que existen de niños hospitalizados con lesiones por maltrato.

Las que quisimos que los hombres asumieran su responsabilidad paterna y desempeñaran su papel en la relación afectiva y la educación de sus hijos, partimos de una premisa esencial: que considerábamos a los hombres dotados de la misma riqueza humana y emocional que las mujeres, y creíamos que sería beneficioso para el equilibrio psíquico y emocional de los componentes de la familia. Por eso reivindicamos la plenitud y no la frustración como modo de relación.

Las que reivindican el papel prioritario de la madre en la crianza y educación de los hijos, son las mismas que buscaron y desearon varones mutilados emocionalmente, y que trasmiten a sus hijos una visión distorsionada y negativa de los hombres, que a su vez, los mutila. La Ley que, en caso de divorcio, da automáticamente la custodia a las madres está primando esa visión morbosa y sexista.

Hoy, la Ley que penaliza el maltrato ha pervertido lo que la legitimaría, que es la igualdad para todos, el respeto a la presunción de inocencia, y el rigor en el castigo del culpable, y, por supuesto,  para quien denuncia en falso.

Los Juzgados están saturados, quizás no por el porcentaje de denuncias infundadas y mendaces, sino de las mujeres que desean perjudicar y vengarse de sus maridos, a los que quisieran negar el derecho irrenunciable a los vínculos afectivos con sus hijos. Porque no olvidemos que también les están negando a sus hijos el derecho a tener una vida afectiva, libre y plena, con sus padres. Ese secuestro no es sólo emocional, sino que interfiere gravemente en su libre desarrollo y sus derechos esenciales.

Los jueces, los abogados, los psicólogos, los asistentes sociales no ignoran lo que está ocurriendo, y sólo se atreven a comentarlo en privado: la maldad, la perversidad, la mezquindad, el espíritu vengativo, y la falta de escrúpulos morales en la especie humana está equitativamente repartidos entre hombres y mujeres por igual.  Sin embargo, esa Ley contra el maltrato en el seno de la familia, le ofrece a esas mujeres con características nefastas el arma idónea para sus fines más perversos.

Nunca me solidarizaré con ese tipo de mujeres que representan lo más despreciable del sexismo que combato. (¹) Y, ojala, no sea la única que se indigne por el contenido y el desarrollo de esta Ley demagógica y moralmente inicua.

Gatopardo

Foto de mi admirada Vivien Maier

Publicado el 09/04/2006 15:54. Archivado en Wayback Machine

PD 2019: 

 (¹)  Siempre estaré en contra de la misoginia y de la misandria: no creo que se deba aguachinar la misantropía.